lunes, octubre 12, 2015

Los adjetivos

   Los señores adjetivos trabajan en la importante tarea de calificar y modificar al sustantivo o nuestro sujeto; y concuerdan en número y género con ellos. Son tan necesarios que a veces los convocan demasiado y de forma muy forzosa que simplemente verlos se vuelve cansado. O por el contrario, ni siquiera los llaman en reuniones imprescindibles.

   Para empezar veamos los tipos de adjetivos que existen en el español:

   Calificativo-> Indica una cualidad. Ejemplos: alto, bajo, grueso, delgado…
   Gentilicio-> Lugar de origen o nacionalidad. Ejemplos: latino, oceánico, costarricense…
   Numeral-> Señalan cantidad o posición. Ejemplos: primero, segundo, tercero, mitad…
   Indefinido-> No especifica cantidad o posición. Ejemplos: algunos, mucho, poco…
   Demostrativo-> Demuestra situación espacial respecto a la persona que habla o escribe. Ejemplos: esta, aquel, aquella…
   Posesivo-> Indica pertenencia. Ejemplos: nuestro, mío, suyo…
   Relacionales-> Hacen una relación del objeto con el sustantivo u otro objeto. Ejemplos: agenda de deberes, cuchillo de cocina.
   Exclamativos-> Aquellos que acompañan al sustantivo en una oración exclamativa. Ejemplos: que, cual…
   Interrogativos-> Aquellos que acompañan al sustantivo en una oración exclamativa. Ejemplos: qué, cuál…

   Los adjetivos que dan mayores problemas en una narración son los demostrativos.

   ¿Pero cómo saber cuándo un adjetivo es necesario y cuándo los utilizamos en exceso? Fácil. Sólo revisemos si son de utilidad o no en nuestros cuentos, novelas, relatos o incluso poemas. Por otro lado también es necesario saber si nuestro sujeto está adecuadamente descrito como para imaginarlo.

   Por ejemplo, si la Fulana tiene un collar muy importante no voy a describirlo tan sencillo como “Fulana tenía un hermoso e importante collar de plata” ya que esto no dice nada. Necesitamos detalles, pero no demasiados.

   Ejemplo de cómo no hacerlo: “Su cuello nacarado y limpio como porcelana  de nieve era adornado por un hermoso collar de plata. Este era delgado, como de medio centímetro de grueso. El dije, que medía tres y un cuarto centímetros de diámetro, resultaba ser una piedra preciosa, para especificar: un zafiro. Demasiado hermoso y llamativo, pero elegante y nada escandaloso. Era de un azul profundo y adornado con un alambre fino de plata, enrollado en toda la piedra, para sostener el collar. Ella se veía todavía más encantadora con el dije reposando en su clavícula”.

   Ejemplo de cómo hacerlo mejor: “Su cuello limpio y blanco era adornado por un collar de plata. Este tenía medio centímetro de espesor y su largo hacía que el dije tocara la clavícula. Este último era un zafiro de poco más de tres centímetros de diámetro, de un tono muy profundo y un alambre fino de plata lo rodeaba para sujetarlo al colgante. Todo el conjunto hacía que se viera realmente encantadora.”

   Debo aclarar que usar muchos adjetivos también puede depender de la historia. Aunque claro, yo prefiero que tampoco se excedan al nivel de describir la mancha de un cuarto de milímetro en la curva tres del alambre del collar.

   Otro error muy común es utilizar, de manera exorbitante, a los señores adjetivos en vez de los sujetos o personas.

   Ejemplo de cómo no hacerlo: “La castaña fulminó con la mirada a su amigo. No podía creer lo que el pelirrojo había hecho. Pero la de piel acanelada todavía tenía una gota de paciencia en su ser, eso significaba que tal vez el ojiverde se salvaría de la furia de la castaña.”

   ¿Cuántas personas hay? ¿Qué sucede si hay más de una persona con piel de color canela? ¿El fruto del castaño, las castañas, hablan con humanos? Preguntas un poco tontas pero que de todas formas surgen cuando no hay nombres. Además, las palabras compuestas de tipo “oji-color” no existen.

   Ejemplo de cómo hacerlo bien: “Fulana fulminó con la mirada a Mengano. No podía creer lo que el pelirrojo había hecho. Pero Fulana todavía tenía una gota de paciencia en su ser; eso significaba que tan vez Mengano se salvaría de la furia de la chica de cabello castaño.”

   Ahora es más identificable ¿no? La idea es hacer un equilibrio —en estos casos si es que se quiere utilizar el adjetivo como sustantivo— para que hasta nosotros mismos no tengamos en chance perdernos.
Consejos

   *Cuando hay que describir algo deben cuidar las listas de adjetivos. (Ejemplo: “Ella era curiosa, hermosa, cariñosa y estudiosa.”) Para no causar cacofonía.

   *Por el mismo motivo anterior deben vigilar los sustantivos con sus adjetivos. (Ejemplo: “rosa rosa”.)

   *Si no están seguros de una palabra o piensan que ya es muy utilizada recomiendo tener un diccionario cerca o incluso buscar en internet un diccionario de sinónimos. Es más, buscar algo como “palabras raras pero hermosas” a veces sirve. Este es un diccionario que utilizo a menudo.

   *No caer en la trampa de “suena similar así que debe ser similar”. Y con esto me refiero a una confusión simple como relacionar “persona fría” con “persona frívola”. Una es muy seria, insensible y hasta indiferente, la otra es desinteresada y no aporta nada bueno o útil.

   *Tener en un cuaderno con palabras escritas menos utilizadas —pero entendibles y que no sean prácticamente obsoletas— con sus significados, sinónimos y algún antónimo.


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